Por Esther Sanchez, vicepresidenta de la Comisión de Extensión, Bienestar Universitario y Vinculación Territorial del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y rectora de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO).
Imaginamos y queremos una universidad pública innovadora, proactiva y protagonista de la transformación social, que esté profundamente conectada con la sociedad para ser capaz de responder a los enormes desafíos de inclusión, desarrollo y sostenibilidad que presenta nuestra época.
Imaginamos una universidad pública que se distinga por su excelencia académica, su responsabilidad social y la transparencia. Este espacio debe responder a las necesidades y a los desafíos de la Argentina del siglo XXI, al demostrar su rol esencial en el desarrollo económico, la integración sociocultural y la calidad institucional.
La universidad del futuro tiene que caracterizarse por su capacidad de innovación y transformación social, por estar arraigada en su entorno profundamente y comprometida con las comunidades que la rodean.
Soñamos con una universidad que, a través de sus funciones de vinculación y transferencia tecnológica, contribuya a resolver problemas concretos de la comunidad, profundizando su papel histórico como agente transformador y motor del desarrollo nacional. La generación de conocimientos y el desarrollo tecnológicos adquieren valor si mejoran la vida de la gente, por ello, la universidad que necesita nuestro país debe poner la producción de conocimientos, la innovación y la tecnología en función de los procesos de desarrollo cultural, políticos y socio-productivos.
La universidad del futuro tiene que caracterizarse por su capacidad de innovación y transformación social, por estar arraigada en su entorno profundamente y comprometida con las comunidades que la rodean. En este paradigma, la vinculación se convierte en un eje central que establezca conexiones efectivas entre la academia, la industria, el gobierno y la sociedad civil.
Necesitamos una universidad que lidere procesos de desarrollo social y territorial que, por medio de la ciencia y la tecnología, favorezca la competitividad de las economías regionales, la generación de empleo, empodere a los actores locales y en última instancia mejore la vida de la gente.
La universidad del futuro no es solo un espacio de enseñanza, sino un centro de colaboración, creatividad e innovación en el que se generan ideas y se construyen soluciones integrales. Se debe consolidar como un espacio de encuentro y colaboración entre la academia, la industria, el gobierno y la sociedad, para construir un mundo mejor. En resumen, la universidad pública juega un papel clave en el desarrollo territorial y la mejora de la calidad de vida. Su impacto se refleja en la generación de riqueza, competitividad y oportunidades para la comunidad. Hagamos de nuestra universidad un agente de cambio que inspire y nos empodere.