Por Clotilde De Pauw, ex coordinadora ejecutiva de la Red Interuniversitaria de Derechos Humanos (RIDDHH) del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN).
Las Universidades Públicas, como la sociedad en general, se encuentran en un momento histórico sin precedentes, en un momento de inflexión en términos de defensa y construcción de democracias que se hagan a sí mismas desde el paradigma de los Derechos Humanos, como formas colectivas de habitar lo común.
Las certezas acerca de nuestra función formadora, de producción de saberes, de trabajo territorial, amasadas a lo largo del tiempo y de las luchas por la democratización profunda de las Universidades Públicas, están siendo interpeladas fuertemente desde los discursos mercantilistas- empresariales, que buscan desterrarlas a una velocidad sorprendente.
Frente a ello, una de las tareas centrales que nos ocupa es evitar el borramiento de la palabra “Derechos Humanos”, que es mucho más que una palabra: es un modo de concebir y hacer nuestras prácticas cotidianas, es un modo de habitar el mundo, un movimiento perpetuo, un proceso de denuncia y anuncio, de defensa y ampliación de horizontes de vidas dignas para los y las ciudadanos/as, fundamentalmente los excluidos del sistema.
La RIDDHH viene trabajando de manera sistemática en la curricularización de los Derechos Humanos, en todas las carreras de pregrado y grado, como condición para profundizar nuestras democracias en la que las heterogeneidades sociales, las mixturas, las fronteras se bifurquen en compromisos decisivos de una posible y solidaria vida en común.
Cuando el “malestar en y con la democracia” (López, María Paula, 2023) va ganando el sentido común, la tarea de las Universidades Públicas es habilitar la imaginación pedagógico- política para que otras socialidades sean posibles, para reparar el lazo social tan fragmentado y ofrecer categorías que permitan pensar cómo habitar lo humano específico.
Desde esta perspectiva, la RIDDHH viene trabajando de manera sistemática en la curricularización de los Derechos Humanos, en todas las carreras de pregrado y grado, como condición para profundizar nuestras democracias en la que las heterogeneidades sociales, las mixturas, las fronteras se bifurquen en compromisos decisivos de una posible y solidaria vida en común. Los tiempos de crisis son, al mismo tiempo, de oportunidades. Un relevamiento construido desde la RIDDHH nos muestra que múltiples Universidades Públicas han iniciado este proceso y han logrado que sus Consejos Superiores avalen el Acuerdo Plenario 169/22 CIN, con lo que se van instaurando procesos de institucionalización de los DDHH. En una urdimbre que se teje entre diversos representantes de la RIDDHH, se están iniciando procesos de formación interinstitucionales, para acompañar las diversas formas que adquiere la curricularización en los diferentes espacios singulares y situados. No es vana espera, diría Paulo Freire, es esperanza que “necesita de la práctica para volverse historia concreta”. La RIDDHH se esperanza en la posibilidad de escribir en las prácticas de nuestras Universidades, perspectivas epistemológicas, pedagógicas y políticas que aporten a la configuración de subjetividades políticas, de ciudadanías universitarias sustantivas y críticas, capaces de leer el mundo en clave de Derechos Humanos y actuar en él para transformarlo.