Por Oscar Alpa, presidente del Consejo Interuniversitario Nacional y rector de la Universidad de La Pampa.

Hace cuarenta años nacía el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), en paralelo con la recuperación democrática de nuestro país. La historia de ambos procesos está profundamente entrelazada: no puede entenderse la consolidación de la vida democrática argentina sin la fuerza de sus universidades públicas, ni el crecimiento del sistema universitario sin el trabajo colectivo del CIN.

Desde 1985, el CIN se constituye como órgano de encuentro y coordinación del sistema universitario público, en el que se expresan las voces de todas las rectoras y de todos los rectores. Más allá de las diferencias ideológicas o regionales, comparten una certeza: la universidad pública es una política de Estado que debe preservarse y fortalecerse en la coyuntura. 

Haber asumido la presidencia del CIN es para mí un honor inmenso y, al mismo tiempo, una responsabilidad que trasciende lo personal. No se trata de representar solo a una institución, sino de ser la voz de un sistema federal, diverso y complejo, que, día  a día, garantiza el derecho a la educación superior de millones de argentinos y argentinas. Ese carácter federal es nuestra marca distintiva. En el Consejo conviven universidades históricas, como la Universidad Nacional de Córdoba con más de 400 años, con instituciones muy jóvenes creadas en 2023 por el Congreso de la Nación. Esta diversidad territorial, cultural y social constituye la mayor riqueza del sistema porque es en este espacio en donde esas diferencias se transforman en un proyecto común.

 

Haber asumido la presidencia del CIN es para mí un honor inmenso y, al mismo tiempo, una responsabilidad que trasciende lo personal. No se trata de representar solo a una institución, sino de ser la voz de un sistema federal, diverso y complejo, que, día  a día, garantiza el derecho a la educación superior de millones de argentinos y argentinas.

 

Como rector de una universidad de 67 años en el centro del país, puedo comprobar, una y otra vez, el valor de esa red. Nuestra institución refleja lo que ocurre en muchas casas de estudio: la necesidad de dialogar con el territorio, adaptarse a demandas sociales cambiantes y proyectar vínculos con gobiernos provinciales y municipales. En el CIN esas experiencias se ponen en común en un ámbito en el que dialogan, de igual a igual, universidades de gran envergadura con otras más recientes que necesitan con urgencia apoyarse en la experiencia acumulada por sus pares. Esa horizontalidad es la clave de su fortaleza.

La dinámica del CIN está marcada por la solidaridad. Así como una cooperativa crece gracias al esfuerzo compartido, el sistema universitario se fortalece cuando cada institución suma sus saberes y su trabajo al conjunto. Nadie puede resolver en soledad los desafíos de la educación superior: se requieren consensos colectivos, y el CIN es el espacio en el que esos acuerdos toman forma. Rectoras y rectores de todo el país discuten no solo urgencias coyunturales, sino también el horizonte estratégico del sistema. Ese diálogo, muchas veces intenso, siempre es fecundo porque está guiado por una convicción compartida: la universidad pública es patrimonio de la sociedad argentina y debe garantizarse con igualdad de oportunidades en cada rincón del país.

La historia del CIN es, también, la historia de la resistencia y de la defensa de la universidad pública en momentos de dificultad. Cada crisis —económica, política o social— impacta de manera directa en nuestras instituciones. Es entonces cuando el valor del trabajo colectivo se hace más evidente. En los últimos años lo vivimos con claridad: frente a recortes presupuestarios, la emergencia salarial y la insuficiencia de becas estudiantiles, el CIN expresó, en nombre de todas las universidades, la necesidad urgente de soluciones. Además, construyó un diálogo con la sociedad para dejar en claro que lo que está en juego no es un problema sectorial, sino el derecho mismo a una educación superior pública, gratuita y de calidad.

El Consejo mostró y sigue mostrando que la universidad pública no se resigna: defiende su misión con firmeza, pero siempre desde el consenso y la propuesta. Durante la pandemia de la COVID-19 se evidenció la importancia de un sistema articulado: sostener la enseñanza virtual, aplicar la investigación al sistema de salud, producir insumos críticos y contener a la comunidad hubiera sido imposible sin la coordinación entre universidades. El CIN, a través de sus redes, fue entonces el puente que permitió que cada institución aprendiera de las demás, generando respuestas conjuntas en tiempos de enorme incertidumbre. La pandemia dejó una enseñanza clara: la universidad argentina tiene una enorme capacidad de adaptación y compromiso cuando trabaja en conjunto.

Defender la universidad pública en las crisis no significa solo reclamar más recursos. Implica recordar a la sociedad el papel central de nuestras instituciones: formar profesionales en todo el territorio nacional, generar conocimiento al servicio del desarrollo y garantizar oportunidades para quienes de otro modo quedarían por fuera. Esa tarea, asumida colectivamente, mantiene viva a la universidad como motor de justicia social y como columna vertebral de la democracia argentina.

El CIN es también un espacio de creación de políticas que proyectan al sistema hacia el futuro. Entre sus logros debe destacarse el crecimiento del Sistema de Información Universitario (SIU), que nació en distintas universidades y, desde 2013, depende del Consejo. Este sistema, orgullo nacional e internacional, administra procesos académicos, de bienestar, de investigación, económicos y administrativos. Recientemente, incorporó el expediente digital. Es un modelo único en el mundo: se adapta a cada universidad, pero, al mismo tiempo, integra la información en un sistema común que fortalece al conjunto. El SIU es posible gracias al compromiso de sus equipos humanos, que cada día aportan innovación y calidad en beneficio de todas las universidades públicas.

Asimismo, pensando en el futuro, el CIN ha orientado sus debates hacia transformaciones profundas en la docencia, la investigación y la extensión. Ningún programa o iniciativa nacional tendría verdadero alcance sin el acompañamiento del Consejo, a través de sus redes y comisiones. La articulación entre las universidades y el Estado se sostiene en este espacio colectivo, que otorga legitimidad a cada decisión y permite que las políticas se adapten a las realidades de todo el país. 

Esa capacidad de pensar en conjunto se traduce en logros concretos: la coordinación de becas estudiantiles que amplían el acceso; los acuerdos para impulsar la investigación científica en redes interuniversitarias; la creación de sistemas de evaluación compartidos; o la promoción de la internacionalización y la cooperación regional. Cada una de estas políticas refleja la convicción de que la universidad no puede encerrarse en sí misma, sino que debe estar al servicio de la sociedad. En esa dirección, el reciente Primer Congreso Nacional de Innovación Universitaria, realizado en 2025 en paralelo al 94° Plenario de Rectoras y Rectores, es una clara muestra de futuro: allí se debatieron nuevas modalidades de enseñanza, el uso de créditos académicos como herramienta de flexibilidad y la necesidad de repensar la duración y estructura de las carreras.

Mirar hacia adelante es asumir nuevos desafíos: garantizar inclusión en un contexto social desigual, promover la equidad de género en la gestión universitaria y en los espacios de decisión, innovar en los modos de enseñar y aprender y ampliar la cooperación internacional en un mundo cada vez más interconectado. La inclusión seguirá siendo un eje central. 

El sistema universitario argentino creció de manera extraordinaria en las últimas décadas, lo que permite que cientos de miles de jóvenes fueran la primera generación de sus familias en acceder a la educación superior. El reto ahora es consolidar ese tan importante logro: sostener políticas de becas, garantizar condiciones materiales para estudiar, acompañar trayectorias diversas y asegurar que ninguna y ningún estudiante quede afuera en un escenario social cada vez más complejo. 

La innovación es otro gran desafío. La pandemia aceleró procesos de virtualización que llegaron para quedarse. Pero innovar no es solo incorporar tecnología: es repensar planes de estudio, revitalizar trayectos formativos, utilizar los créditos académicos como herramienta flexible centrada en los estudiantes, y fortalecer la formación interdisciplinaria. El CIN, como espacio de debate y coordinación, es fundamental para impulsar estas transformaciones que difícilmente podría encarar en soledad una universidad. 

 

El CIN no es solo un Consejo: es el símbolo de que, cuando trabajamos en conjunto, las universidades pueden afrontar enormes desafíos y proyectarse hacia un futuro de oportunidades.

 

El futuro también exige ampliar la cooperación internacional. La universidad argentina tiene mucho para aportar y mucho para aprender en un diálogo Sur-Sur que permita compartir experiencias, potenciar capacidades y proyectar nuestra voz en los debates globales sobre educación y ciencia. En un contexto mundial de tensiones y cambios acelerados, fortalecer la cooperación regional y global es clave para sostener la relevancia de nuestro sistema universitario.

Al repasar estos 40 años, resalto la constancia de las rectoras y de los rectores que sostuvieron al CIN como espacio de diálogo, acuerdos y defensa de la universidad pública. Esa vocación permitió superar crisis presupuestarias, tensiones políticas y desafíos sociales que parecían insuperables. El Consejo demuestra que la fuerza de la universidad pública reside en su comunidad: rectoras, rectores, docentes, nodocentes y estudiantes forman un entramado federal, diverso, creativo y comprometido con la sociedad.

Hacia adelante, nuestra tarea es clara: fortalecer vínculos interinstitucionales, proyectar políticas que garanticen inclusión y calidad, innovar sin perder valores fundacionales y ampliar la cooperación regional e internacional. El CIN no es solo un Consejo: es el símbolo de que, cuando trabajamos en conjunto, las universidades pueden afrontar enormes desafíos y proyectarse hacia un futuro de oportunidades.

En esta conmemoración de sus 40 años, quiero rendir homenaje a quienes han formado parte de esta historia —muy especialmente al personal que día a día sostiene su funcionamiento en cada área— y reafirmar mi compromiso con la universidad pública, con su federalismo, su diversidad y su vocación transformadora. Que el Consejo Interuniversitario Nacional siga siendo, hoy y siempre, el espacio en el que la comunidad universitaria se encuentra, dialoga y construye colectivamente la política universitaria del presente y del futuro, que en gran medida será, también, la política del futuro de nuestra Argentina. 

 

El texto corresponde al prologo del libro CIN 40 años. Recuperar legados para construir el futuro.