Por Jaime Perczyk, rector de Universidad Nacional de Hurlingham.
La universidad argentina es una rara avis a nivel mundial. En su derrotero cuenta con hitos centenarios, provenientes de la Reforma del ‘18, el desarancelamiento de los estudios decretado por el Presidente Perón en 1949 y la expansión del sistema en el siglo XXI, con la creación de una veintena de universidades en distintos puntos del país, reforzando su carácter público y ampliando su faceta federal e inclusiva.
Uno de sus sellos distintivos son las actividades de investigación, que ubican a la universidad como principal promotora de la producción científica, tecnológica y artística. Si bien no es la única institución abocada a estos fines, ya que junto a otros organismos públicos forma parte del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SNCTI), en ella tienen lugar de trabajo la mayor parte de investigadores de nuestro país. Asimismo, desde ellas se planifican, acreditan y desarrollan las carreras de doctorado, kilómetro cero de las carreras para el personal científico. De este modo la universidad pública puede caracterizarse como el pilar del sistema científico, al garantizar su supervivencia y crecimiento, a partir de la formación continua de profesionales altamente calificados en todas las áreas de conocimiento.
Por este motivo, resulta fundamental que el sistema universitario cuente con herramientas propias para fomentar el desarrollo científico-tecnológico. Es necesario, en tal sentido, fortalecer los dispositivos de incentivo para la formación de científicos y, al mismo tiempo, crear nuevas vías que permitan la promoción de las actividades de I+D+i desde el ámbito universitario. En otras palabras, es fundamental recoger el valor de las experiencias desarrolladas con las “Becas de Estímulo a las Vocaciones Científicas (EVC)”, en relación a capacidades ya existentes y, por otro lado, instaurar mecanismos de estímulo propias del sistema universitario para estudiantes de posgrado, sentando las bases para una carrera del investigador universitario.
Resulta fundamental que el sistema universitario cuente con herramientas propias para fomentar el desarrollo científico-tecnológico. Es necesario, en tal sentido, fortalecer los dispositivos de incentivo para la formación de científicos y, al mismo tiempo, crear nuevas vías que permitan la promoción de las actividades de I+D+i desde el ámbito universitario.
El ciclo de vida del personal universitario para la I+D+i se inicia en las carreras de grado, en donde sus estudiantes comienzan a pensar y perfilar su destino laboral y profesional. Es imprescindible que en esta etapa, el sistema universitario, en virtud de estimular vocaciones para una carrera científica o de apoyo, cuente con un sistema de becas a tales fines, sostenido en el tiempo y que permita a los estudiantes explorar lo que sucede fuera de las aulas, en instalaciones experimentales como laboratorios, chacras, hospitales u otros espacios habitados por la investigación y la producción científica en nuestras universidades.
En esa línea, las becas EVC muestran una relativa continuidad entre un sistema de becas de iniciación y otros de posgrado (por ejemplo el de becas doctorales del CONICET), para quienes hayan resultado adjudicados en su etapa de estudiantes. En cierta medida, para los usufructuarios de ella, las becas EVC operan como trampolín para becas de posgrado, al posicionarse como un valioso antecedente en las evaluaciones de sus futuras postulaciones. Implementadas como una estrategia para despertar el interés en la investigación científica entre los estudiantes de grado, estas becas permiten que jóvenes con vocación científica se inicien en la investigación de manera temprana, otorgándoles una experiencia que es a la vez formativa y profesionalizadora.
El segundo estadio en el desarrollo científico-tecnológico público yace en la formación de doctores/as. Siendo las únicas instituciones certificadoras de capacidades académicas a este nivel, la creación de carreras de doctorado es otro pilar fundamental del sistema universitario público argentino. Al abrir las puertas de los doctorados a estudiantes de todos los estratos sociales, la universidad pública permite la diversificación de la base científica del país. Los programas de doctorado ofrecen una formación rigurosa y posibilitan la participación en redes internacionales de investigación, lo cual es crucial en un mundo donde la ciencia y el conocimiento son globales. Resulta, en ese sentido, esencial que el sistema universitario cuente con un instrumento que permita fomentar el desarrollo de recursos humanos en este nivel y que estén en línea con la misión, visión y valores de cada institución. La creación de un sistema de becas de doctorado de las universidades, sería un buen punto de partida para este fin.
Finalmente, luego de atravesar estas distintas etapas de formación, el país cuenta con un activo, en término de capital humano, de la más alta formación. Esto es de una relevancia trascendental en términos de desarrollo económico ya que un país con mayor cantidad de profesionales altamente capacitados puede abordar problemas complejos de manera más efectiva y competitiva. Por ejemplo, los doctores en ciencias pueden desarrollar nuevas tecnologías, mejorar la producción en industrias locales, contribuir a la salud pública y asesorar en la toma de decisiones estratégicas, lo cual genera un círculo virtuoso de progreso y bienestar social.
El desarrollo profesional de los científicos, su ascenso en la carrera, en términos de capital simbólico y económico está signado por el periplo que recorre dentro de un sistema de jerarquización, sujeto a evaluaciones rigurosas y severas. Ahora bien, los parámetros de ese sistema, hoy en día, no están fijados por los objetivos institucionales de las universidades. Por ello, fomentar la creación de un programa exclusivamente orientado a la investigación universitaria articularia los esfuerzos de las universidades con las necesidades de la sociedad, promoviendo líneas de investigación alineadas con los objetivos de desarrollo nacionales. En efecto, un programa de estas características ayudaría a garantizar que el conocimiento generado en las universidades tenga una aplicación práctica y contribuya a solucionar problemas concretos de la realidad argentina.
La universidad pública argentina es mucho más que un espacio educativo; es una herramienta de transformación social y un pilar fundamental en el desarrollo científico y económico del país.
Como corolario aparte, es relevante destacar la importancia del personal de apoyo a la I+D+i, no docentes tanto del agrupamiento administrativo como técnico profesional y de servicios. Allí se concentran las tareas de planificación y prospectiva de las áreas de conocimiento y disciplinas específicas, la preparación de dispositivos experimentales para la producción científica y la gestión y administración de recursos económicos para el correcto desarrollo de proyectos de investigación y subsidios en general. La incorporación de dicho personal a una carrera universitaria de apoyo a la I+D, generando mecanismos de formación para los procesos y procedimientos específicos de la normativa del SNCTI, resulta una deuda aun del sistema universitario.
En definitiva, la universidad pública argentina es mucho más que un espacio educativo; es una herramienta de transformación social y un pilar fundamental en el desarrollo científico y económico del país. Resulta crucial, sobre la base de una amplia experiencia acumulado, a partir de las becas evc y la creaciòn de carreras de doctorado, avanzar en la creación de becas de doctorado, propias del sector universitario público, así como fundar un escalafón que impulse las investigaciones de los docentes universitarios. Al apostar por la educación y la investigación, Argentina fortalece su futuro, construyendo una sociedad más equitativa, innovadora y preparada para enfrentar los desafíos del siglo XXI.